La llamada

En el primer capítulo de su Evangelio, Marcos nos dice que Jesús comenzó su vida pública predicando el «evangelio de Dios». Si consideramos una vez más estas palabras en toda su fuerza: Jesús ha venido a traer personalmente la «buena nueva» de Dios a los hombres y mujeres que están dispuestos a escucharlo con fe.

Descubriremos poco a poco en las páginas del Evangelio lo que implica esta buena nueva. Pero nuestro Señor deja claro desde el principio que, para comprender su mensaje, debemos estar dispuestos a cambiar lo que no está en consonancia con él en nuestra propia vida, a convertirnos y abrirle nuestro corazón.

En el pasaje que leemos hoy, se nos dice que parte de esta buena nueva es la realidad de que Dios es un rey que quiere reinar aquí en la tierra. Ciertamente, este mensaje corre el riesgo de ser malinterpretado, ya que su reino es de un tipo especial y no es como los reinos terrenales. Junto con los apóstoles, aprenderemos que Dios no quiere que su poder se base en el control y la fuerza, sino en el servicio y el amor mutuo.

Al igual que a los apóstoles, nuestro Señor sigue llamando a cada persona a participar en la difusión del mensaje del Evangelio, al tiempo que nos pregunta si realmente hemos aceptado sus palabras como una buena noticia para nuestras propias vidas. Esta es una buena oportunidad para proponernos comprender mejor el profundo significado del mensaje de Jesús y así experimentar con renovada fuerza la alegría del Evangelio

Este pasaje de Marcos nos señala un momento decisivo en el Evangelio: el inicio del ministerio público de Jesús y la llamada a sus primeros discípulos. La escena nos invita a reflexionar sobre cómo Jesús nos llama hoy a seguirlo y transformar nuestra vida. En nuestro contexto el parágrafo no solo nos presenta un hecho histórico, sino que se convierte en un mensaje que nos impulsa a aumentar la fe, vivir el compromiso y soñar con la misión.

Tras la lectura evangélica bien podemos hacernos esta pregunta: ¿Qué implica para mí ese ?Deja tus redes y sígueme?? ¿Cómo puedo interpretar esta invitación en mi vida diaria? El tiempo ordinario es el tiempo de la misión, el tiempo de fortalecer nuestro compromiso con la misión.